lunes, 13 de enero de 2025

El sueño europeo de Erasmus: ¿Un programa accesible o un privilegio?

 ¿Es el programa una oportunidad inclusiva para todos los jóvenes europeos o la opción se reserva solo a los más privilegiados? ¿Las becas cubren todo lo que deberían? 

Adrià Asbert, Judit Borrell, Alba Cisquella y Davide Di Iorio

El programa ERASMUS (European Region Action Scheme for the Mobility of University Students) nació en 1987 como iniciativa de la Comisión Europea para fomentar el intercambio académico y cultural entre estudiantes de diferentes países europeos. Su objetivo principal es facilitar la movilidad estudiantil, promoviendo el aprendizaje, la diversidad cultural y la cooperación entre universidades. Para hacerlo, ofrece ayudas económicas para cursar estudios o realizar prácticas en el extranjero, Anna Tomás, estudiante de Turismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, intentó aplicar para la beca hacia Inglaterra, y fue aceptada debido a su excelente nivel de idiomas y a una buena nota media. Este semestre Anna tendría que estar en la Bournemouth University, pero finalmente se quedó en Barcelona, ya que ni ella ni su familia se lo pudieron permitir. ¿Ofrece entonces el Erasmus una oportunidad justa y accesible para los estudiantes de la Unión Europea?



La realidad es que, según un estudio de la Erasmus Student Network, el 53% de los estudiantes encuestados no participaron en el programa Erasmus porque la beca no cubría al menos tres cuartas partes de los costes. Este porcentaje se eleva al 75% entre aquellos provenientes de entornos con bajos ingresos. A pesar de los esfuerzos por democratizar el acceso, las ayudas económicas ofrecidas por Erasmus no siempre son suficientes para cubrir los gastos reales de los estudiantes, lo que genera desigualdades significativas. Según datos del informe anual Erasmus+ Annual Report 2022, la beca promedio otorgada a estudiantes Erasmus es de 400 euros mensuales, pero esta cantidad cubre apenas una fracción de los costes reales. Por ejemplo, en ciudades como París, Dublín o Ámsterdam, el alquiler de una habitación en una residencia estudiantil puede superar fácilmente los 900 euros mensuales (Numbeo, 2023). A esto se suman gastos como alimentación, transporte público, materiales de estudio y otros, que pueden elevar el coste mensual total a 1.200-1.500 euros dependiendo del destino.


Anna Tomás:

“El alquiler me costaba casi 800 euros al mes y estaba en un barrio de la periferia, con la beca Erasmus solo cubría un poco menos de la mitad. La única opción era trabajar a tiempo parcial y reducir al mínimo mis gastos en ocio, no pude disfrutar de la oportunidad debido a mi clase social. No es tan accesible como lo venden."


La participación en el programa Erasmus también refleja desigualdades entre países y regiones de Europa. Según datos de Eurostat (2022), los estudiantes provenientes de países con un PIB per cápita más bajo participan menos en programas de movilidad. Por ejemplo, mientras que Alemania y los Países Bajos tienen una participación cercana al 8% de su población estudiantil universitaria, países como Bulgaria y Rumanía apenas superan el 3%. A nivel regional, esta desigualdad también es evidente dentro de países como España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Idescat (2023), estudiantes de comunidades autónomas con menor renta per cápita, como Extremadura o Andalucía, tienen una participación más baja en Erasmus en comparación con estudiantes de regiones más prósperas como Cataluña o el País Vasco.

El coste de participar en el programa Erasmus varía considerablemente según el destino, pero en la mayoría de los casos supera ampliamente el importe de las becas otorgadas. Según el informe Eurostudent (2022), más del 60% de los estudiantes Erasmus reportan que las ayudas no son suficientes para cubrir siquiera la mitad de sus gastos totales. Este problema se agrava en países con un alto coste de vida como Dinamarca, Suecia o Irlanda, donde el coste mensual promedio para estudiantes puede alcanzar los 1.400-1.800 euros (Numbeo, 2023).

El impacto económico también repercute en las familias. Un informe de la European Youth Forum (2022) señala que el 40% de las familias de estudiantes Erasmus deben aportar fondos adicionales significativos, lo que genera una barrera para aquellos estudiantes cuyos padres no pueden permitírselo. Esta desigualdad lleva a muchos jóvenes a renunciar a la experiencia. Según el Erasmus+ Annual Report 2022, un tercio de los estudiantes que solicitan la beca terminan declinando la oportunidad debido a motivos económicos.

Las ciudades que reciben más estudiantes Erasmus tienden a coincidir con las de países con un PIB per cápita alto en Europa. Según datos del Erasmus+ Annual Report 2022, ciudades como París, Barcelona, Berlín, Ámsterdam y Múnich figuran entre las principales receptoras de estudiantes Erasmus. Estas ciudades están ubicadas en países con economías sólidas como Francia, Alemania, los Países Bajos y España, que también cuentan con universidades de renombre y un sistema de movilidad bien desarrollado. Por otro lado, ciudades de países con un PIB per cápita más bajo, como Sofía (Bulgaria), Bucarest (Rumanía) o Riga (Letonia), reciben significativamente menos estudiantes internacionales. Esta disparidad está relacionada no solo con la economía del país, sino también con factores como el prestigio académico, la calidad de vida y la percepción internacional de las universidades. Sin embargo, una excepción notable es España, donde a pesar de tener un PIB per cápita medio, ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia son líderes en recepción de estudiantes debido a su atractivo cultural y climático, además de un coste de vida más bajo en comparación con ciudades como París o Berlín. Esto pone de manifiesto que, aunque el PIB del país influye, otros factores como la oferta académica, el idioma y la calidad de vida también juegan un papel importante en la elección de los destinos Erasmus.

El programa Erasmus+ ha dejado una huella económica y social importante en ciudades universitarias de toda Europa, especialmente en aquellas que reciben un alto volumen de estudiantes internacionales. Según datos de la European University Association (EUA, 2023), las principales ciudades receptoras, como París, Berlín, Ámsterdam, Barcelona y Múnich, han experimentado un impacto económico significativo, estimado en más de 3.000 millones de euros anuales generados por los gastos de los estudiantes en alojamiento, transporte, alimentación y ocio. Por ejemplo, en ciudades como Berlín, el gasto medio mensual de un estudiante Erasmus oscila entre los 1.200 y 1.500 euros, lo que supone una importante contribución a la economía local. Sin embargo, este crecimiento económico también trae consigo desafíos, como el aumento de la presión sobre los mercados inmobiliarios. En Ámsterdam, el aumento de la demanda de alojamiento por parte de estudiantes internacionales ha provocado que los precios de las residencias estudiantiles se incrementen un 25% en los últimos cinco años, según un informe de la Dutch Student Housing Association (2023). Este problema se extiende a otras ciudades, como Dublín o París, donde el acceso a viviendas asequibles se ha convertido en un problema tanto para estudiantes locales como internacionales.

El coste del alojamiento acostumbra a llevarse la mayor parte del esfuerzo económico de los estudiantes, y es la parte del presupuesto de un estudiante que más ha subido en los últimos años. Las ciudades holandesas y alemanas lideran los ránkings de precios para el alquiler de una habitación, alcanzando una media de unos 1.000 € al mes en Ámsterdam y entre 900 y 800 euros en otras ciudades como Hamburgo, Róterdam, La Haya o París. Pero hay otras ciudades donde, aunque el precio no alcance tan desorbitados valores, si ha aumentado con más fuerza a lo largo de los años. Destinos como Praga, Budapest, Viena o Lisboa se encuentran en países donde los alquileres se han más que duplicado desde 2015, como Hungría (166%) o República Checa (109%). Por el otro lado, las becas ERASMUS no han subido al mismo ritmo, lo que supone importantes barreras para el estudiantado menos favorecido. 

Un estudiante español que decida ir a Ámsterdam de ERASMUS, recibiría 350 € al mes al ser los Países Bajos un país con coste de vida alto. Si la persona ya está recibiendo una beca al estudio (Becas MEC) o no la recibe, pero se encuentra en un estado de exclusión social reconocido, se le sumarían unos 250 euros mensuales a ese importe. Los 600 euros mensuales, como se ha recogido, no bastarían para cubrir los gastos totales. La mayoría de comunidades autónomas, por su parte, convocan sus propias becas de movilidad que se suman a las cantidades mencionadas. En Cataluña, por ejemplo, la Generalitat ofrece las becas MOBINT, que añaden entre 600 y 1.800 euros a lo recibido en toda la estancia.


La cofinanciación autonómica es un tema que se refiere a cada estudiante español que quiera ir de Erasmus, todos los universitarios de este país reciben una financiación complementaria por la comunidad autónoma en la cual estudian, excepto los de Madrid, Ceuta y Castilla-La Mancha. Cada comunidad tiene su modelo de financiación, entre los factores por el cual se diferencian hay la repartición de ayuda al estudiantado: la mayoría de las comunidades siguen el mismo modelo de  Asturias, Cataluña y Extremadura que solo tienen en cuenta los meses de intercambio, pero hay comunidades como Galicia y la Comunitat Valenciana que tienen en cuenta también el destino, en fin hay Baleares y Cantabria que presentan solo una ayuda única, a pesar de los meses y del país al cual se va el estudiante.


Sin embargo, en España únicamente una comunidad tiene en consideración el estudiantado de entornos desfavorecidos o con menos oportunidades, que es Andalucía. De esta hay que destacar también el aumento de las cuantías (+4,04% en 2022-23) a pesar de liderar ya la clasificación de ratio del presupuesto autonómico de cofinanciación de las becas Erasmus entre el número de estudiantes que se matriculan en cada comunidad autónoma (56,2€ por estudiante en 2022).

Este proceso de garantizar ayudas para los estudiantes andaluces que van a estudiar al extranjero, persigue reforzar el principio de igualdad de oportunidades del estudiantado. Durante el año académico 2022-23, la consejería de la Junta de Andalucía ha reservado un presupuesto de casi 15 millones de euros debido a los éxitos de este modelo, como el aumento de beneficiarios y un incremento de los meses de estancia. Estos éxitos son indicadores de un modelo que está logrando dar más posibilidades al estudiantado que no habría podido permitirse este tipo de experiencia, de hecho es el modelo más recomendado por la asociación ESN España (Erasmus Student Network Spain) en su IV Observatorio de Cofinanciación Erasmus +.


Las recomendaciones de los expertos y las asociaciones de estudiantes intentan encaminar las políticas de las comunidades a la cofinanciación para aumentar la participación de los estudiantes de entornos menos favorecidos en los programas de intercambio. Pero mientras los aumentos de las becas no se traduzcan en importes que puedan cubrir las necesidades básicas de los estudiantes en sus destinos, que no han dejado de aumentar en los últimos años debido a la crisis inflacionaria, la capacidad de integración social a escala europea del programa Erasmus seguirá limitada a las capas del estudiantado con más capacidades económicas y que pueda hacer frente a los gastos que supone estar en otro país.


Metodología: Para realizar el reportaje hemos consultado diferentes bases de datos, concretamente de IDESCAT y de EUROSTAT, referentes a la movilidad de los estudiantes de ERASMUS. En primer lugar, hemos utilizado “Anuari estadístic de Catalunya: Ensenyament universitari. Mobilitat d'estudiants. Per universitats” de IDESCAT y “Credit mobility under EU programmes (i.e. ERASMUS or other EU programmes)” de EUROSTAT.

Una vez teníamos los datos obtenidos, comparamos en primer lugar los estudiantes que accedían al programa ERASMUS con el PIB del país de origen, para comprobar si existía alguna relación entre estas variables. Ordenamos los datos y utilizamos todos los países que tenían ambos indicadores disponibles, para así facilitar su análisis y comparativa.

Otro paso a seguir fue comparar mensualmente la aportación económica que suponía el ERASMUS para los estudiantes con lo que recibían de la beca ERASMUS. Generalmente, estas becas se expresan en un baremo (por ejemplo, en el caso de Alemania, entre 260-510 €) por lo que hicimos la mediana de este ingreso tanto para poder compararlo como para poder representarlo gráficamente.

Las fuentes personales se han abordado desde dos perspectivas. En primer lugar, Anna Tomás, una alumna que tomó la decisión de rechazar su plaza de ERASMUS justamente por el alto precio económico, y en segundo lugar, Catalina Gayà, profesora que nos habló de su perspectiva en torno a las experiencias de ERASMUS.

Para la elaboración del reportaje se han utilizado otras fuentes, como el Erasmus Annual Report 2022 y estadísticas de Eurostat “Estadísticas sobre la participación en programas de movilidad estudiantil desglosadas por países y PIB per cápita y Datos sobre la proporción de estudiantes universitarios que participan en el programa Erasmus en diferentes países” y Numbeo “Base de datos sobre el coste de vida en diferentes ciudades europeas. Referencias a precios de alquiler, alimentación y transporte en ciudades receptoras de estudiantes Erasmus como París, Dublín y Ámsterdam”



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